Griegos


Periodo


Siglos VIII a.C – III a.C.


Descripción


Los griegos que llegan a la Península Ibérica provienen principalmente de la importante ciudad de Asia Menor de Focea, en la actual Turquía; son los llamados focenses. Éstos se incorporan tarde a la aventura colonial, por lo que se encuentran obligados a desplazarse más allá de los territorios ya ocupados por otros griegos. Desde el siglo VIII a.C. tienen un próspero comercio con los tartesos, a partir del cual fundan hacia el año 650 a.C. la ciudad de Mainake, cerca de la actual Málaga. Este floreciente comercio se ve acrecentado por el descenso de la influencia fenicia al caer Tiro en el año 573 a.C. en manos de Nabucodonosor, rey de Babilonia.

Sin embargo, el predominio griego en el sureste peninsular apenas se prolonga durante medio siglo más. Los etruscos y cartagineses coaligados derrotan a los griegos en la batalla de Alalia en el año 535 a.C.; Alalia es una colonia focense situada al este de Córcega, actualmente denominada Alaria. La consecuencia es la formación de dos áreas de influencia en el Mediterráneo occidental: la parte meridional con su ruta comercial de metales por la Península Ibérica queda bajo el control de los cartagineses, mientras la parte septentrional corresponde a los griegos. Este motivo propicia que funden Masalia (Marsella), donde tienen acceso a otra ruta de los metales, la que discurre por el Ródano.

Desde Masalia crean Emporion (Ampurias), que se convierte en la colonia griega más importante de la Península Ibérica. Y cerca se asientan en otra destacada ciudad que es Rode (Rosas). El comercio con la zona meridional peninsular habitualmente la realizan a través de intermediarios púnicos. En la primera mitad del siglo V a.C. Emporion sustituye a Masalia en la primacía comercial e inicia la acuñación de moneda. Ofrece principalmente cerámica, tejidos, vino y aceite a cambio de esclavos y metales. En el siglo III a.C. la colonia de Rode conoce un gran desarrollo por la fabricación y comercio de cerámicas de barniz negro para las poblaciones indígenas. Se produce un gran influjo cultural sobre el mundo íbero. La victoria de los romanos en la Segunda Guerra Púnica contra los cartagineses coincide con el fin de la presencia griega en la Península Ibérica.


 


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