Los Concilios de Toledo, las asambleas del poder visigodo


Los Concilios de Toledo fueron una serie de asambleas de especial importancia que tuvieron lugar en la ciudad de Toledo durante toda la época visigoda, aunque su origen es anterior a este periodo. Los componentes de estas reuniones eran el rey visigodo, la nobleza y la alta jerarquía eclesiástica constituida por los obispos. Es decir, estaban formadas por el poder político y religioso, de tal manera que debatían y legislaban sobre estas cuestiones, desempeñando un destacado papel y teniendo una gran incidencia tanto en el ámbito político como en el religioso.

El rey era el encargado de realizar la convocatoria del concilio cuando lo estimaba oportuno, siendo obligatorio la asistencia de los participantes. Se desarrollaba de forma ceremonial y en la inauguración el rey leía una oración y luego el “tomus regius”, un discurso programático en donde exponía los temas a tratar y resolver. Las resoluciones que se tomaban en las sesiones se incluían en unas actas, que todos estaban obligados a cumplir.

Las decisiones en principio se adoptaban por mayoría, aunque parece ser que habitualmente coincidían con las que el rey defendía. En definitiva, los Concilios de Toledo constituían una forma de apoyo al rey y de ratificación a la política que seguía. Entre los asuntos de carácter político estaban las condiciones para la elección del monarca, normas morales para el ejercicio del poder real, reprobaciones contra los rebeldes, medidas persecutorias contra la minoría judía, etc. Y entre los asuntos de carácter religioso estaban sobre todo contenidos doctrinales y pautas de comportamiento eclesiástico.

Se llevaron a cabo en total 18 Concilios de Toledo, entre los años 397 y 702, aunque la regularidad de sus celebraciones fue muy desigual. Excepto el primero, que tuvo lugar en la época tardorromana y trató en torno a las secuelas de la crisis prisciliana, los demás sucedieron durante la época visigoda. Solo los dos primeros Concilios de Toledo, de los años 397 y 527, tuvieron el carácter de asambleas eclesiásticas puras. Desde el tercero, del año 589, que fue testigo de la conversión del rey Recadero desde el arrianismo al catolicismo, los concilios de Toledo constituyeron un punto de confluencia entre las autoridades del Estado y la Iglesia.

La relación de Concilios de Toledo es la siguiente:

  • I Concilio de Toledo. Año 397. Sólo eclesiástico. No visigodo. Emperadores Arcadio y Honorio.
  • II Concilio de Toledo. Año 527. Sólo eclesiástico. Rey Amalarico.
  • III Concilio de Toledo. Año 589. Rey Recaredo.
  • IV Concilio de Toledo. Año 633. Rey Sisenando.
  • V Concilio de Toledo. Año 636. Rey Chintila.
  • VI Concilio de Toledo. Año 638. Rey Chintila.
  • VII Concilio de Toledo. Año 646. Rey Chindasvinto.
  • VIII Concilio de Toledo. Año 653. Rey Recesvinto.
  • IX Concilio de Toledo. Año 655. Rey Recesvinto.
  • X Concilio de Toledo. Año 656. Rey Recesvinto.
  • XI Concilio de Toledo. Año 675. Rey Wamba.
  • XII Concilio de Toledo. Año 681. Rey Ervigio.
  • XIII Concilio de Toledo. Año 683. Rey Ervigio.
  • XIV Concilio de Toledo. Año 684. Rey Ervigio.
  • XV Concilio de Toledo. Año 688. Rey Egica.
  • XVI Concilio de Toledo. Año 693. Rey Egica.
  • XVII Concilio de Toledo. Año 694. Rey Egica.
  • XVIII Concilio de Toledo. Año 702. Rey Witiza.

El rey Recadero y los obispos en el III Concilio de Toledo. Códice Vigiliano. Biblioteca del Monasterio de San Lorenzo de El Escorial

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