Los apellidos

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Los apellidos comenzaron a utilizarse en los reinos cristianos de la Península Ibérica a partir del siglo IX. Entonces no se mantenían de padres a hijos como ahora, sino que iban variando para cada persona. En el siglo XVI fueron extendiéndose entre las clases altas. A partir del siglo XVIII empezaron a normalizarse y heredarse por toda la población. Desde el siglo XIX, con la Ley del Registro Civil y más tarde con el primer Código Civil, se estableció su uso oficial. La posesión de los apellidos se convirtió un distintivo para el reconocimiento de cada individuo. Es un sistema de doble apellido, el del padre y la madre, pudiéndose ahora elegir el orden de ellos.

Los primeros apellidos conocidos son los patronímicos, es decir, los derivados del nombre del padre. Por ejemplo, Álvarez de Álvaro, Benítez de Benito, González de Gonzalo, Martínez de Martín, Pérez de Pedro, etc. Se obtienen habitualmente mediante el sufijo «ez» y en algunas ocasiones «oz, «iz» o «az», que pueden interpretarse como «hijo de». A partir del siglo XIII comenzaron a utilizarse los apellidos toponímicos, es decir, los derivados de un lugar, usualmente el sitio de procedencia o hábitat, pudiendo ser una región, poblado, paraje o característica topográfica. Por ejemplo, Gallego, Berlanga, Luque, Torres, Campos, etc. A la vez aparecieron los apellidos derivados de un oficio o estatus social. Por ejemplo, Soldado, Zapatero, Herrero, Escudero, Duque, etc. También surgieron los originarios de alguna característica física. Por ejemplo, Calvo, Delgado, Hermoso, Sordo, Rubio, etc.

Actualmente los apellidos más comunes en España son, en este orden: García, Rodríguez, González, Fernández, López, Martínez, Sánchez, Pérez, Gómez y Martín.

 

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