Tartessos

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Periodo: Siglos XI a.C. – VI a.C.

Los tartessos conformaron una sociedad avanzada que todavía encierra muchos interrogantes. Fueron reseñados tanto por el historiador y geógrafo griego Heródoto como por el poeta y escritor romano Avieno. Se les considera como la primera comunidad que consiguió crear una auténtica cultura urbana. El ámbito territorial en el que se desarrollaron se sitúa en el suroeste de la Península Ibérica, prevaleciendo la zona de las actuales provincias de Huelva, Cádiz, Sevilla, Córdoba y sur de Badajoz. Su origen estuvo a partir de población autóctona de la próspera cultura del final de la Edad del Bronce en el siglo XI a.C.

La actual costa del territorio de influencia tartésica es hoy día muy diferente de la existente en la antigüedad. El paisaje de marismas en el entorno de la ría de Huelva, de la bahía de Cádiz o del tramo inferior del Guadalquivir, encubre antiguos golfos y ensenadas por los que el mar penetraba en tierras que hoy quedan apartadas del litoral, donde discurrían barcos mercantes que acudían atraídos por los recursos de esta región. Destaca el cambio que ha habido en la geografía del Bajo Guadalquivir; la desembocadura del río se hallaba mucho más hacia el interior, a pocos kilómetros al sur de la actual ciudad de Sevilla, vertiendo sus aguas en el “Sinus Tartesii”, un enorme lago localizado en el lugar que ocupan hoy día las marismas de Doñana.

La economía estaba basada en las actividades esenciales: la agricultura, la ganadería y la pesca. Pero fue muy importante también la actividad minera, en especial la plata, el estaño y en algo menor medida el oro, el cobre, el hierro y el plomo. En los asentamientos del valle del Guadalquivir predominaban las actividades agrícolas y ganaderas, mientras que los núcleos de población de las actuales provincias de Cádiz y sur de Badajoz se centraron en la producción metalúrgica aprovechando la riqueza de los recursos mineros de la región. Los metales se obtenían de las explotaciones mineras situadas principalmente en las regiones montañosas de Riotinto y Sierra Morena. El estaño local era escaso y se conseguía de algunas explotaciones locales y sobre todo de importaciones a partir de rutas de este metal desde el noroeste peninsular y desde las islas británicas a través del Atlántico.

Los intercambios comerciales los llevaban a cabo principalmente con fenicios y griegos. Y en menor medida también con etruscos y pueblos atlánticos. Las actividades mercantiles con los fenicios se iniciaron con la llegada de éstos a las áreas costeras a partir del siglo VIII a.C. Comenzó una fase orientalizante de la cultura tartésica, lo que favoreció la transformación de sus poblados en verdaderos núcleos urbanos y en la adopción de pautas culturales fenicias. Las relaciones con los griegos empezaron desde los últimos años del siglo VII a.C., aunque se reducirían desde mediados del siglo VI a.C.

Los tartessos pusieron en práctica los conocimientos tecnológicos adquiridos de las demás culturas con las que tenían contactos, sobre todo de los fenicios. Asimilaron la religión, con varios dioses, los ritos funerarios, reordenaron el territorio y establecieron nuevos mecanismos de poder. Las vías de comunicación, los ríos Tinto, Odiel, Guadalquivir y Guadiana, fueron básicos en la ubicación de los asentamientos. Las antiguas cabañas de los poblados serían sustituidos por casas de planta rectangular, de adobe o tapial sobre zócalos de piedra. Las ciudades llegaron a ocupar extensiones de hasta unas 20 hectáreas. Algunas de ellas se amurallaron utilizando técnicas constructivas fenicias, alternando pilares de sillares bien escuadrados con lienzos de mampostería. Había ciudades protegidas con imponentes murallas.

La lengua y escritura que empleaban era distinta a la de sus pueblos vecinos y parece ser que es antecesora a la utilizada por los íberos. Existen escasos testimonios de escritura que aún no han sido descifrados. Aparte, destacaron los objetos hechos en orfebrería. Ésta era una práctica que estaba bastante evolucionada, siguiendo modas y técnicas fenicias.

Era una sociedad con grandes desigualdades, en la que la élite componía una aristocracia privilegiada que era enterrada en lujosas tumbas. De su sistema de gobierno se desconoce casi todo. Se ignora si hubo una monarquía unificada o un conjunto de reinados. Los textos mencionan la existencia de una dinastía mítica, cuyo primer monarca sería Gerión, al que seguirían Nórax, Gárgolis y Habis. Sin embargo, el único rey del que se tienen referencias históricas es Argantonio, que parece ser es el último del linaje. Vivió 120 años según Heródoto, si bien seguramente pudiera referirse a varios reyes conocidos por el mismo nombre.

La desaparición de los tartessos se produjo a finales del siglo VI a.C. El motivo se desconoce, pero entre las hipótesis principales están las siguientes: posibles crisis internas, conflictos con los fenicios, el ocaso de los fenicios originado por la conquista de la ciudad de Tiro por los babilonios en el año 573 a.C. que conllevó el cese de la demanda de productos coloniales o, por último, una disminución de la producción metalúrgica. El final de los tartessos provocaría la desaparición de las viejas formas de vida y el surgimiento de nuevos patrones sociales y económicos.

La zona geográfica que abarcaron fue controlada posteriormente por el pueblo íbero de los turdetanos, herederos culturales y étnicos de ellos. En la Biblia hay referencias a un lugar llamado Tarsis, rico en minerales y con el que comercia los fenicios, que podría referirse a los tartessos.

Los yacimientos más importantes encontrados hasta ahora son los siguientes:

  • Cancho Roano. Zalamea de la Serena, Badajoz.
  • El Turuñuelo. Guareña, Badajoz.
  • Medellín, Badajoz.
  • Aliseda, Cáceres.
  • Asta Regia, Mesas de Asta. Jerez de la Frontera, Cádiz (hay indicios que quizás fuese su capital).
  • Cortijo de Évora. Sanlúcar de Barrameda, Cádiz.
  • Colina de los Quemados, Córdoba.
  • Cabezo de San Pedro, Huelva.
  • Necrópolis de La Joya, Huelva.
  • Tejada la Vieja. Escacena del Campo, Huelva.
  • El Gandul. Alcalá de Guadaira, Sevilla.
  • Cerro del Carambolo. Camas, Sevilla.
  • Carmona, Sevilla.
  • Los Castillejos de Alcorrín. Manilva, Málaga.
  • Alcácer do Sal, Portugal.

 

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