El control del fuego


Ciertos restos encontrados en Kenia apuntan a que los homínidos ya utilizan el fuego hace un millón y medio de años. En Israel han aparecido elementos carbonizados que indicarían un control del fuego hace 790.000 años. En China se han hallado materiales con signos de haber sido quemados intencionadamente hace entre 300.000 y 600.000 años. Y en distintos lugares de Europa, entre ellos España, hay pruebas de que se controla el fuego hace 400.000 años.

Uno de los mayores avances técnicos y culturales de la Prehistoria tiene lugar cuando los homínidos aprenden a dominar el fuego, aunque su empleo se remonta a mucho tiempo más atrás, donde aún desconocían como se generaba. Seguramente, los primeros fuegos que aprovechan son los originados por las llamas de incendios naturales o de la actividad volcánica.

Se sabe que el Homo Heidelbergensis en Europa y posiblemente el Homo Erectus en Asia son los primeros grupos que controlan el fuego. En cuanto a África, aún no se ha descubierto a que especie pertenecen los indicios encontrados. En España existen restos del uso del fuego en diversos lugares como la Cueva Negra, en Caravaca de la Cruz (Murcia); la Cueva de Bolomor, en Tavernes de la Valldigna (Valencia); y la Cueva de Ambrosio, entre Vélez-Blanco y María (Almería).

Al principio, cuando los homínidos aún no saben cómo crear el fuego, se encargan de controlarlo allí donde se produce de forma natural para luego llevarlo a los campamentos o cuevas en donde habitan. Aquí lo mantienen y reproducen con cautela. La técnica de la creación del fuego tardaría mucho tiempo en ser dominada, hasta que aparecen los especialistas en su obtención, que con los rudimentarios materiales que les proporciona el entorno, consiguen por fricción o percusión este gran instrumento vital para la evolución humana.

Para obtener el fuego nuestros antepasados utilizan dos sistemas. En uno se trata de frotar una madera con forma de varilla, de aproximadamente un centímetro de diámetro, contra otra aplanada, blanda y agujereada. Ésta se utiliza de base y la alargada como si fuera la broca de un taladro. El frotamiento, efectuado con las manos o con ayuda de un arco, provoca serrín incandescente, al que hay que acercar un manojo de hierbas secas para que prendan. El otro sistema consiste en golpear una piedra de pirita o marcasita contra otra de sílex. Con pericia, al saltar las chispas se pueden prender las hierbas secas.

El fuego, con su profundo poder misterioso, es un importante catalizador que cohesiona las incipientes comunidades humanas, influyendo de manera esencial en su desarrollo. Estas son las principales aportaciones que proporciona su uso cotidiano:


1. Elemento socializador.

El fuego aumentó la relación entre los homínidos. Alrededor de la hoguera, con su capacidad de atracción y reunión, se congregaba una comunidad que ya era consciente de sí misma en cuanto una unidad pequeña y significativa en un medio caótico y hostil. Facilitó cohesión y la transmisión de información entre sus integrantes. Las vivencias y los conocimientos entre generaciones se transmitieron muchas veces en torno a una lumbre. El lenguaje, de cuyos orígenes nada sabemos todavía, debió de ser perfeccionado por este nuevo tipo de relaciones sociales.


2. Cocción y conservación de alimentos.

El fuego posibilita cocinar los alimentos, lo que supone un avance en la dieta. Se mejora el sabor de carnes, pescados y vegetales a la vez que se evitan diversas enfermedades digestivas. Algunas semillas no digeribles se convierten en comestibles. Facilita la conservación de los alimentos con técnicas como el ahumado, que permite que no se dependa de forma exclusiva de lo que se recoge y se caza. Por lo tanto, la cocción y conservación desarrollan la subsistencia de los homínidos.


3. Fuente de calor.

El fuego proporciona calor bajo control, esencial para sobrevivir a enfermedades asociadas al enfriamiento. Permite calentarse cuando hace frío, hacer los inviernos más tolerables y habitar nuevos territorios con temperaturas medias más bajas.


4. Fuente de luz.

El fuego hace posible tener iluminación cuando llega la noche. Comienza a quebrarse la férrea rigidez entre la noche y el día. Se puede trabajar más tiempo y prolongar las tertulias de los miembros del grupo. Hay un refuerzo de los vínculos sociales así como un estímulo de la enseñanza y el aprendizaje. En torno a este nuevo elemento y la noche se origina una nueva simbología.


5. Protección.

El fuego ahuyenta a los animales, los enemigos y los competidores, procurando un elemento de seguridad desconocido hasta entonces. Los homínidos pueden pasar la noche en campamentos al aire libre con la seguridad de que al amanecer ningún miembro del grupo haya sido devorado por un depredador. Facilita la ocupación de las cuevas, ya que ahora se puede expulsar de ellas a los animales y mantenerlos alejados. Se valen de su uso para defenderse de las peligrosas fieras que están al acecho y quizás también se utiliza para guiar a los grandes animales en su caza.


6. Mejora de la fabricación de herramientas.

El fuego facilita la creación de herramientas más resistentes y duraderas mediante su tratamiento térmico. Una lanza de madera se logra endurecer al calentar la punta. Y el sílex es más sencillo de tallar, además de poder extraer lascas más largas y regulares, al exponerse indirectamente al fuego.


7. Limpieza del hábitat

El fuego de la hoguera también se emplea para arrojar los desperdicios, lo que permite mantener limpio el hábitat. Más adelante, esta costumbre sirve para obtener el colágeno del interior de los huesos calentados durante largo tiempo. Mezclado con cenizas resulta útil como pigmento o cola para enmangar herramientas.


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